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Enrojecimiento facial: causas y soluciones eficaces
6 min. de lectura
¿Por qué se enrojece la cara?
En la rosácea, si observamos la piel al microscopio, notamos que está muy edematosa, que las células de la epidermis están separadas y que los vasos de la dermis son irregulares y están dilatados.
¿Existe un vínculo entre rosácea e intestino ?
La coloración roja de la piel está asociada a la dilatación de vasos muy finos, muy rojos y a veces incluso violáceos, que definen la cuperosis. Son visibles justo debajo de la superficie de la piel y los médicos los denominan telangiectasias. Esta forma suele acompañarse de manifestaciones como sofocos (flushes).
El enrojecimiento se acompaña de una sensibilidad exacerbada de la piel que dificulta la aplicación de cosméticos.
Las principales causas del enrojecimiento
La ingesta de alimentos calientes o picantes, el esfuerzo, el sol o el consumo de alcohol son factores conocidos por los pacientes con rosácea, ya que desencadenan sofocos.
Enrojecimiento pasajero o rosácea: ¿cómo diferenciarlos?
La eritrosis: enrojecimiento pasajero de las mejillas que se produce en circunstancias muy evocadoras como la ingesta de alimentos calientes o picantes, el esfuerzo, el sol o el consumo de alcohol. Con el tiempo, el enrojecimiento se vuelve permanente, sin que los vasos sanguíneos sean visibles, es un estadio precursor de la rosácea.
La rosácea puede presentarse en tres formas, que no son necesariamente sucesivas en el tiempo, ni consecuencia una de la otra. La forma vascular, la forma papulopustulosa y la forma hipertrófica con su estadio final: el rinofima.
La forma vascular o cuperosis
Es, con mucho, la forma más frecuente. Esta anomalía vascular se caracteriza por un enrojecimiento permanente más o menos exacerbado: es el elemento más característico de la rosácea, se acompaña de una sensación de ardor en el rostro, la afectación se concentra principalmente en el centro del rostro, respetando el contorno de los ojos y la boca. Se observa una red de vasos dilatados (cuperosis con telangiectasias).
La forma papulopustulosa
En este caso, la aparición de rojeces se presenta en forma de pápulas y/o pústulas que se asemejan a lesiones de acné.
Las pápulas son elevaciones de la piel, rojas, firmes y a veces dolorosas, que miden de uno a cuatro milímetros. Están rodeadas de un halo inflamatorio y pueden aparecer espontáneamente sobre un fondo de enrojecimiento en el centro del rostro.
Forma fimatosa
En una etapa avanzada se pueden observar placas rojas infiltradas. El rinofima, hipertrofia granulomatosa de la nariz, más raro, afecta casi exclusivamente a hombres mayores.
La rosácea: cuando el enrojecimiento se vuelve crónico

Factores agravantes a evitar
Hay que conocer los desencadenantes como el sol, el alcohol o las especias.
Pero también las variaciones hormonales: embarazo, menopausia. La toma de medicamentos en particular, como los corticoides, también puede agravar los síntomas.
Es importante tener en cuenta los factores desencadenantes como el calor o el frío, el ejercicio, los rayos UV, los alimentos picantes, el alcohol. En el caso de la rosácea, estos factores provocan la liberación de neuropéptidos vasoactivos, retransmitidos por los nervios sensitivos, que perpetúan la desregulación que origina los síntomas.
¿Cómo atenuar el enrojecimiento y calmar la piel?
La rutina de cuidado adaptada recomendada por nuestra dermatóloga
La limpieza debe ser suave, no irritante, para regular la flora cutánea.
El jabón de mango y aguacate, rico en leche de burra, será adecuado. A continuación, aconsejo aclarar con agua termal que eliminará el cloro y la cal del agua del grifo.
Una hidratación adaptada al tipo de piel, a menudo piel seca y sensible, o crema para piel mixta si se asocia una hiperseborrea. Piel sensible y rojeces: ¿Qué crema elegir para mi piel sensible ?
Los errores comunes que agravan el enrojecimiento
Las rojeces del rostro, ya sean pasajeras o persistentes, pueden acentuarse con gestos inadecuados en su rutina de cuidado. Una limpieza demasiado agresiva, tratamientos abrasivos o un desmaquillado mal aclarado pueden debilitar la barrera cutánea y provocar una reactividad cutánea aumentada, especialmente en las pieles sensibles o pieles reactivas.
La exposición al sol sin protección solar adecuada, en particular durante picos de radiación o después de una quemadura solar, provoca una dilatación de los vasos sanguíneos y aumenta el flujo sanguíneo en la piel, favoreciendo la aparición de rojeces cutáneas o incluso de rojeces permanentes.
Las reacciones emocionales (estrés, calor, vergüenza) o ciertos alimentos (alcohol, platos picantes) pueden desencadenar un eritema facial repentino. Finalmente, las reacciones alérgicas a ciertos productos cosméticos, perfumes o aceites esenciales (como el aceite de lavanda) son frecuentes en las pieles hipersensibles y pueden provocar brotes inflamatorios.
Activos eficaces contra el enrojecimiento y la rosácea
Para cuidar las pieles propensas al enrojecimiento, es esencial adoptar una rutina de belleza suave, protectora y adaptada, que combine activos naturales y dermatológicamente reconocidos para calmar la reactividad cutánea y reforzar la barrera cutánea.
Activos calmantes: niacinamida, centella asiática, caléndula
La niacinamida (vitamina B3) calma los brotes inflamatorios, mejora la microcirculación cutánea y refuerza la tolerancia de las pieles sensibles. Actúa suavemente sobre las rojeces en la cara relacionadas con la rosácea o con desequilibrios del sistema venoso.
La centella asiática, planta reparadora por excelencia, ayuda a calmar el acné rosácea y las irritaciones. La caléndula, rica en activos antiinflamatorios naturales, calma las rojeces cutáneas y es especialmente adecuada para las pieles hipersensibles.
Por último, el aloe vera, reconocido por sus propiedades hidratantes y antirrojeces, proporciona un confort inmediato y duradero, a la vez que reequilibra las pieles irritadas por los rayos UV o los rayos del sol.
Activos vasoconstrictores y antiinflamatorios
Para atenuar las rojeces permanentes y mejorar la microcirculación cutánea, algunos extractos vegetales como el ruscus, el ginkgo biloba o el regaliz ayudan a contraer los vasos sanguíneos dilatados. Estos activos contribuyen a disminuir la intensidad de las rojeces en la cara, especialmente en caso de acné rosácea o dermatitis atópica.
Ingredientes ricos en polifenoles, como el té verde o la vid roja, actúan sobre los brotes inflamatorios y protegen la piel de las agresiones ambientales, como los rayos UV.
El ácido azelaico, bien conocido en dermatología, es un activo antibacteriano, antiinflamatorio y despigmentante, recomendado para el cuidado de la piel en caso de rojeces persistentes o brotes de acné asociados a una piel sensible.
Ingredientes a evitar para no agravar las rojeces
Las pieles propensas al enrojecimiento requieren una atención especial. Algunos ingredientes presentes en los productos cosméticos convencionales pueden agravar los síntomas:
- Los perfumes sintéticos y los aceites esenciales potentes (como el aceite de lavanda)
- Los alcoholes secantes y los tensioactivos agresivos
- Los exfoliantes mecánicos o ácidos a alta concentración
- Los filtros UV químicos mal tolerados
Es esencial optar por una rutina personalizada, suave y formulada sin irritantes, con una crema hidratante adaptada a la piel sensible y una protección solar eficaz.
¿Qué tratamientos existen para las rojeces persistentes?
Cuando las rojeces del rostro se vuelven crónicas o se instala un acné rosácea, los tratamientos específicos pueden complementar su rutina de cuidado. Se recomienda un seguimiento dermatológico para adaptar el tratamiento.
Cuidados y cremas dermatológicas específicas
Algunos tratamientos están formulados específicamente para pieles reactivas: incorporan activos antirrojeces como la niacinamida, el ácido azelaico o extractos vegetales calmantes. Estos productos dermatológicos ayudan a controlar los brotes inflamatorios, reducir los signos de rosácea y calmar las sensaciones de calor.
También se utilizan tratamientos tópicos, bajo prescripción, para aliviar los síntomas relacionados con la dermatitis atópica, el eccema de contacto o las rojeces permanentes.
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Tratamientos médicos: láser, IPL y prescripciones dermatológicas
Los tratamientos médicos pueden dirigirse a los vasos sanguíneos responsables de las rojeces persistentes. El láser vascular o las lámparas pulsadas (IPL) se utilizan para reducir las telangiectasias (pequeños vasos visibles) y mejorar la uniformidad del tono de la piel.
La luz LED, por su parte, puede calmar los brotes inflamatorios actuando sobre las capas profundas de la piel, al tiempo que favorece la regeneración celular.
Finalmente, según el tipo de rojeces cutáneas (como el eritema facial o la rosácea papulopustulosa), se puede proponer un tratamiento médico personalizado, que incluya cremas con receta médica o antibióticos orales.
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Escrito por la Dra. Sylvie Peres, dermatóloga
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