- dossiers
Retinol: el ingrediente esencial para alisar, reafirmar e iluminar
6 min. de lectura
La piel es un ecosistema vivo cuyo buen funcionamiento se basa en la actividad de miles de millones de células. Cada una de ellas está rodeada por una membrana celular, una estructura fundamental que regula los intercambios con su entorno, la comunicación entre las células y el mantenimiento del equilibrio cutáneo.
A menudo asociados con la salud cardiovascular, los omega-3 también desempeñan un papel importante en la piel. Su acción se ejerce en el corazón mismo de las células, a nivel de las membranas celulares, donde contribuyen a preservar su fluidez y funcionalidad.
Las membranas celulares constituyen la frontera entre la célula y su entorno. Controlan la entrada de nutrientes, la eliminación de residuos y la transmisión de señales biológicas indispensables para el funcionamiento de los tejidos.
Lejos de ser una simple envoltura protectora, la membrana es una estructura dinámica cuyas propiedades dependen directamente de su composición lipídica.
Su fluidez es esencial. Permite a las células comunicarse eficazmente, responder a las solicitudes externas y asegurar sus funciones biológicas de manera óptima.
En la epidermis, esta fluidez contribuye notablemente al mantenimiento de la barrera cutánea y al equilibrio hídrico de la piel.
Con el tiempo, las membranas celulares sufren los efectos del estrés oxidativo, las agresiones ambientales y el envejecimiento biológico.
Su composición lipídica evoluciona progresivamente. Las membranas se vuelven menos flexibles, menos reactivas y menos eficientes. Esta pérdida de fluidez afecta directamente al funcionamiento celular. Los intercambios se ralentizan, las señales biológicas circulan con menos eficacia y las capacidades de adaptación de la piel disminuyen.
A nivel de la epidermis, esto puede traducirse en una piel más frágil, más deshidratada y menos resistente a las agresiones externas.
Los omega-3 EPA y DHA son ácidos grasos poliinsaturados que se integran directamente en las membranas celulares. Su presencia contribuye a mantener la flexibilidad de la membrana y a preservar su capacidad para asegurar sus funciones biológicas.
Al favorecer una mejor fluidez de la membrana, los omega-3 contribuyen a:
apoyar la comunicación entre las células;
mantener una función barrera eficaz;
favorecer el equilibrio hídrico de la epidermis;
preservar la capacidad de adaptación de las células frente a las agresiones ambientales.
Así, intervienen a un nivel fundamental del funcionamiento cutáneo, mucho antes de la aparición visible de los signos de la edad.
Las membranas celulares no son específicas de la piel. Constituyen la estructura fundamental de todas las células del organismo, y muy especialmente las del cerebro.
El DHA es, de hecho, uno de los principales ácidos grasos presentes en las membranas neuronales. Participa en su fluidez, condición esencial para la transmisión de señales nerviosas y la comunicación entre neuronas.
Una ingesta suficiente de DHA contribuye al mantenimiento de una función cerebral normal, mientras que el EPA participa en el equilibrio de los mecanismos inflamatorios implicados en el envejecimiento.
Esta acción sobre las membranas celulares ilustra el papel central de los omega-3 en la longevidad funcional. Al apoyar tanto la vitalidad de la piel como el buen funcionamiento del cerebro, intervienen en dos tejidos particularmente sensibles a los efectos del tiempo y del estrés oxidativo.
Dentro del Complejo Longevidad, los omega-3 EPA y DHA, procedentes de microalgas, han sido seleccionados por su alta pureza y biodisponibilidad. Contribuyen a nutrir las membranas celulares de todo el organismo para apoyar de forma duradera las funciones biológicas esenciales.
Esta apertura hacia el cerebro es interesante porque permite salir del discurso puramente estético y recordar que la visión de la Dra. Sylvie Peres es la de una longevidad global, donde la calidad de la piel también refleja el buen funcionamiento de los grandes sistemas biológicos del organismo.
En Alaena, consideramos que el envejecimiento cutáneo es, ante todo, el resultado de una ralentización progresiva de las funciones biológicas de la piel.
Por lo tanto, preservar la vitalidad de la piel implica actuar sobre los mecanismos celulares que condicionan su buen funcionamiento.
Por ello, la Dra. Sylvie Peres ha integrado omega-3 EPA y DHA procedentes de microalgas en el Complejo Longevidad. Su función es apoyar la calidad de las membranas celulares, la primera estructura funcional de la célula, con el fin de acompañar de forma duradera los mecanismos biológicos implicados en el mantenimiento de una piel densa, resistente y luminosa.
Asociados al colágeno marino Cartidyss®, a la coenzima Q10, a la astaxantina y a la ficocianina, se inscriben en un enfoque global de la longevidad funcional.
Las membranas celulares desempeñan un papel central en el funcionamiento de la epidermis. Su fluidez condiciona la calidad de los intercambios celulares, la eficacia de la barrera cutánea y la capacidad de la piel para mantener su equilibrio.
Al integrarse directamente en estas membranas, los omega-3 contribuyen a preservar su flexibilidad y funcionalidad. Una acción fundamental que participa en el mantenimiento de la vitalidad cutánea y se inscribe plenamente en el enfoque de cosmética viva desarrollado por Alaena.
Escrito por la Dra. Sylvie Peres, dermatóloga
Retinol: el ingrediente esencial para alisar, reafirmar e iluminar
Colágeno, elastina y matriz extracelular: cómo preservar la densidad de la piel