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Alaia Peres: lo que la montaña me enseñó

6 min. de lectura

16/02/2026

Alaia Peres : ce que la montagne m'a appris

Para Alaia, la montaña es un terreno de aprendizaje. Superación física, lucidez mental, un cuerpo funcional más que un ideal estético: la altitud transforma su manera de concebir la resistencia, la alimentación y la recuperación. En esta entrevista, repasa lo que el frío y el aislamiento le han enseñado, las señales del cuerpo que escucha con precisión, y cómo protege su piel cuando la barrera cutánea se pone a prueba. Un equilibrio entre la exigencia y el regreso a lo esencial.

Superar mis límites físicos y mentales

¿Qué buscas, física y emocionalmente, cuando vas a la montaña?

Alaia: Yo diría una especie de superación personal, tanto física como mental.Me gusta sentir que llega el cansancio y luego decidir seguir. Poner a prueba mis límites. Descubrir que el cuerpo siempre tiene más recursos de los que uno imagina.
También me gusta aprender cosas nuevas tanto sobre mi entorno como sobre temas técnicos, sentirme más capaz, más resistente.
También hay una forma de bienestar muy particular. Ese cansancio profundo y sano, después de un día intenso. Luego el descanso. La calma después de la tormenta. Redescubrimos el valor de una cama caliente, de una comida sencilla, del confort cotidiano. Todo se vuelve más esencial.

La montaña ha transformado mi relación con el cuerpo

¿Cómo influyen estas «aventuras» en tu relación con el cuerpo y/o tu salud mental?

Alaia: Han transformado profundamente mi relación con el cuerpo. Ya no busco responder a un ideal estético. Busco un cuerpo funcional. Un cuerpo capaz de caminar horas, de cargar peso, de soportar la altitud, el frío, lo imprevisto. Un cuerpo resistente.

Escuchar sus necesidades y vivir el momento presente

La montaña también me ha enseñado a entender el papel de los alimentos. En una expedición, como azúcar porque necesito energía inmediata. ¡Como dulces en esos momentos, cuando antes solía prohibirme el azúcar! Esto me ha liberado mucho, ya no intento controlarlo todo, sino más bien escucharme y darme un gusto.A nivel mental, se trata sobre todo de estar plenamente en el momento presente. Sin red. Sin notificaciones. El cerebro se enfoca en lo esencial: la ruta, los riesgos, el clima, el hambre, la sed, la temperatura corporal. Nos escuchamos más a nosotros mismos. Sentimos las señales internas con mayor precisión.

¿Tienes algún recuerdo significativo relacionado con el frío para contarnos?

Alaia: No recuerdo haber sufrido por el frío. Con las capas adecuadas y una organización rigurosa, el frío se convierte en un ambiente, no en un enemigo. Lo que me llama la atención es la belleza casi irreal: los árboles blanqueados, el aliento visible en el aire, el viento que esculpe la nieve. El hielo que lo cubre todo. En altitud, las grietas, el sol que se refleja en la superficie helada, el cabello que se congela. Es a la vez hostil y absolutamente impresionante. Uno se siente minúsculo, frágil. Y al mismo tiempo profundamente vivo. Caminar, a veces dormir en este universo, produce una especie de vertiginoso éxtasis.

¿El silencio, la altitud o el aislamiento juegan un papel en tu vida?

Alaia: Sí. Siento que los necesito. Mi vida está estructurada en torno a dos extremos. La vida cotidiana, densa, rítmica, ruidosa, muy social. Luego, unos meses al año, en Idaho, en las Montañas Rocosas, casi aislados, en pareja. Necesito ambos. Uno me aporta la energía colectiva, la emoción, la intensidad. El otro me aporta el silencio, la lentitud y la superación física. Ambos tienen su parte de adrenalina. Este equilibrio me permite estar plenamente presente en cada universo.

La piel y el frío extremo

¿Cómo reacciona la piel durante los primeros días de exposición al frío extremo?

Alaia: Tengo la piel sensible durante todo el año. El frío acentúa esta sensibilidad. Muy rápidamente, mi piel se vuelve seca e incómoda. Los labios se agrietan. Aparecen rojeces, especialmente con el viento y las variaciones térmicas. La altitud, la reverberación solar sobre la nieve y el aire seco debilitan la barrera cutánea.

¿Qué señales del cuerpo escuchas más durante estas estancias?

Alaia: La temperatura, en prioridad. Nunca pasar frío. Una vez enfriado, es muy difícil calentarse en altitud. Tampoco pasar demasiado calor: sudar significa humedecer las capas técnicas, lo que luego conlleva riesgo de frío.El hambre. Durante las salidas largas, como regularmente, incluso sin una sensación intensa de hambre. El aporte energético debe ser constante. La sed. Tiendo a no beber lo suficiente. Me fuerzo a beber pequeñas cantidades muy a menudo. Añado electrolitos, especialmente los de Combeau, para optimizar la hidratación y limitar la fatiga. El cansancio. Presto atención a programar tiempos de recuperación y esto es cierto durante todo el año. Empujar los límites durante un tiempo definido, para un objetivo, sí. Pero descansar bien después sigue siendo esencial.

Mi ritual para proteger y fortalecer la piel en altitud

¿Qué gestos se vuelven indispensables para proteger y fortalecer la piel en estas condiciones?

Alaia: Siempre me limpio el rostro con suavidad: aceite desmaquillante y luego jabón. El objetivo es eliminar sin agredir. Confieso que a veces uso solo el jabón, ya que no me maquillo en absoluto (pero no se lo digan a la Dra. Peres).Luego me hidrato la piel alternando un día sí y dos/tres no, la mascarilla de hidratación intensa que dejo actuar toda la noche y el dúo aceite nutritivo y crema hidratante antiedad. Completo con el bálsamo labial.

Proteger del sol y del frío

Alaia: Me aseguro de protegerme bien, es esencial contra el sol pero también contra el frío. Por lo tanto, aplico crema solar todos los días y, sobre todo, llevo un pasamontañas y gafas, constantemente.La crema reparadora es mi indispensable. Trata inmediatamente las zonas fragilizadas: pequeñas heridas, placas secas, pequeños granos…
Para el cuerpo, el bálsamo resplandor jardín de verano es divino. Una aplicación semanal ya es suficiente para mantener una buena hidratación. También uso el aceite tonificante para apoyar la recuperación muscular.

Mi kit mínimo en la montaña

Alaia: Cuando salgo con una mochila, llevo un kit mínimo: un pequeño trozo de jabón y un bote de crema hidratante. Mi “kit de supervivencia” Alaena.

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Escrito por la Dra. Sylvie Peres, dermatóloga

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